Lo que cuenta la guía
Si lees cualquier descripción oficial del Coll de la Gallina te va a decir lo mismo: 12,8 km de subida al 6,9% de media, rampas del 14%, altitud 1.910 m. Todo correcto.
Lo que no suele aparecer es cómo se siente esa subida cuando la haces por primera vez con las piernas cansadas.
El kilómetro duro no es el último
A pesar de la fama, el último km no es el más duro — es el cuarto. Viene después de un falso llano traicionero donde sueles pasar un cambio de más, y te sorprende con 2 km al 10% sostenido. Si sobrevives a ese tramo sin explotar, el resto de la Gallina se te hace manejable.
El tramo de sombra que salva vidas
Entre los km 7 y 9 hay un par de curvas que el sol no toca hasta casi mediodía. En pleno agosto, esos 800 metros a la sombra del bosque son oro puro. Planifica para subirlos entre las 10h y las 11h30.
El último km es mental
Cuando llegas arriba, ves el letrero a lo lejos y hay una rampa final del 9% que parece eterna. No es física: es mental. Ya has hecho el 90% del esfuerzo, pero tu cabeza tiene ganas de rendirse.
Truco: los últimos 200 metros no los mires al letrero. Mira la rueda, cuenta pedaladas. Llega arriba sin darte cuenta.
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Si la Gallina te ha dejado con ganas de más, en esta ruta la encadenamos con Ordino y Envalira. Aviso: es para otro día.